En Bulgaria fueron 15 almas dejando claro que España nunca juega fuera de casa. En Turquía, 11 gargantas firmes recordando que el rojo se defiende en cualquier estadio. En casa, la respuesta fue brutal: 186 entradas frente a Georgia, 71 ante Bulgaria, 280 contra Turquía… auténticos muros humanos de apoyo. Y cuando tocó viajar a Georgia, allí volvieron a estar, 20 valientes más escribiendo otra página de fidelidad. No son números fríos: son historias personales, sacrificios, días de trabajo perdidos, ahorros invertidos en una pasión que no pide nada a cambio salvo sentir el escudo en el pecho.
Esa constancia, ese estar siempre, ese no fallar nunca, ha tenido su recompensa. La RFEF ha reconocido el compromiso de Furia Española concediendo entradas para que todos los socios que han decidido cruzar el océano puedan vivir el Mundial desde dentro. En la fase de grupos, la peña repartirá sus entradas así: 93 entradas ante Cabo Verde, 85 frente a Arabia Saudí y 113 contra Uruguay. Tres partidos, tres batallas, tres oportunidades para que el himno suene con un eco especial, ese que nace cuando detrás hay una historia de fidelidad que viene de lejos.
Y si España avanza —como todos soñamos— Furia Española también lo hará. Porque ya tienen asignadas entradas condicionales para cada escalón de la gloria: 100 en dieciseisavos, 88 en octavos, 91 en cuartos, 109 en semifinales, 60 para el tercer o cuarto puesto… y 132 para la gran final. Solo leerlo eriza la piel. Es la imagen de un grupo que no viaja pensando en la vuelta, sino en quedarse hasta el último día, hasta el último partido, hasta que el balón deje de rodar en el Mundial.
En total, 871 entradas gestionadas a través de la RFEF y FIFA. 871 oportunidades de convertir gradas lejanas en un pedazo de casa. 871 voces que demostrarán que la afición española no entiende de fronteras. 871 historias personales unidas por un mismo latido. Eso no se improvisa, no se compra de un día para otro: eso se construye durante años de estar siempre.
Furia Española no solo va a ver un Mundial. Va a representar a una forma de vivir el fútbol: la del compromiso, la del compañerismo, la de cantar cuando se gana y empujar cuando se sufre. Cuando las cámaras enfoquen la grada y aparezca ese bloque rojo, unido, vibrando al unísono, el mundo no solo verá aficionados… verá a una peña que convirtió la fidelidad en su bandera. Y pase lo que pase sobre el césped, ya hay algo que nadie podrá quitarles: se lo han ganado a pulso.
